Cuándo

Te miro. Quiero abrazarte, como te abrazaba antes. Eras la persona a la que más abrazaba en el mundo. Quiero que me saques de encima, que me tires al suelo y que  empiece la “lucha”, esa que antes siempre te dejaba ganar y que en un momento, no sé muy bien cuándo, empezaste a ganar sin que yo lo permitiera.

Te miro. Quiero saber qué pensás, qué te pasa por la cabeza, si estás asustado, si estás triste (a veces parecés un poco triste), si tenés miedo (está bien que tengas miedo, todos tenemos miedo), si te sentís solo (yo también me sentí sola cuando estaba como vos), si sabés qué querés (yo no lo sabía) o si tenés miedo de fallar (no está mal equivocarse).

Te miro y quiero abrazarte y quiero que me cuentes.

Te miro. Creciste.

Me pregunto cómo, en qué momento, cuándo fue. Me pregunto si yo no estuve como tenía que estar. A veces pensar en el tiempo me pone triste.

Te miro.

¿Cuándo dejamos de jugar como jugábamos?

¿Cuándo dejamos de ser como éramos?

 

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