Insoportablemente intensa

Una el viernes, otra el sábado, otra el domingo.Y hoy es domingo.

Para satisfacer quince días de abstinencia teatral era necesario encontrar la obra perfecta. Y la obra perfecta tenía que ser la que viéramos el domingo, porque los domingos mi sensibilidad siempre es más sensible y porque los domingos la oscuridad de un teatro es más oscura y los aplausos más fuertes y las voces más penetrantes y la respiración más profunda.

Una el viernes, otra el sábado, otra el domingo. Y hoy es domingo y los domingos suelen acentuar las sensaciones y facilitar las emociones y no sé qué onda con los domingos, pero son el día más domingo de toda la semana. Y hoy es domingo y era necesario haber tomado la decisión correcta: el domingo le tocaba a Muñeca rota, el policial sinfónico de Lucía Trentini.

Paréntesis: cuando escribo suelo intentar crear cierto efecto de incertidumbre, de cosas en apariencia desconectadas que terminan por tener sentido en la última línea o en el último punto. Habiendo aclarado esto, lo que vendrá a continuación serán un montón de líneas verborrágicas que quizás tengan sentido aunque es probable que no, pero juro, sí sí, juro, que cualquier persona que haya estado en la Zavala Muniz del Solís hoy domingo a las ocho de la noche, no sabría qué carajos decir.

Y yo no sé cómo carajos escribir esto y hace veinte minutos que escribo y borro y escribo y borro y vuelvo a escribir y releo y borro. Escribo y borro. Escribo. Borro. Vuelvo a escribir y a borrar y no encuentro las palabras. Yo suelo perder palabras pero encontrarlas es sencillo: un lápiz y un papel o, en el peor de los casos, como en este caso, un teclado al cual le funcionan la mitad de las teclas. No es fácil encontrar palabras con medio teclado a mi disposición pero más difícil es encontrarlas para escribir sobre este domingo. Porque sí, hoy es domingo y la obra del domingo tenía que ser la mejor y no fue la mejor y a mí no me salen las palabras y el teclado no me funciona y pienso en abandonar esta pretensión de agradecimiento catártico por este domingo.

Muñeca rota, el policial sinfónico de Trentini. Hace un mes o dos, no me acuerdo, yo soñé con ella, es decir, con Lucía, y fue tan fuerte, tan intenso, que lo escribí: maté a Trentini en la redacción del diario impulsada por mi maestro de tercer año de escuela, me desperté casi llorando y con el corazón incontrolable. Yo la había matado y solo quería entrevistarla, ¿por qué carajos la maté?

Hoy es domingo y los domingos necesitan del oscuro más oscuro y de la luz más intensa y del beso más largo, y del suspiro más profundo porque los domingos son intensamente insoportables, y por supuesto, la decisión de ir al teatro los domingos es para que los domingos sean insoportablemente intensos, porque la intensidad insoportable  es pasión, es emoción, es catarsis,  es desahogo, es alivio, es aire, es vida y Muñeca rota es insoportablemente intensa.

Muñeca rota no fue la mejor obra del fin de semana, fue la mejor obra que he visto en mucho tiempo, porque hizo que mi domingo fuera insoportablemente intenso y no intensamente insoportable, y eso, Trentini, es lo que debería pasar en cualquier teatro dominguero.

Tu policial sinfónico, Lucía, es todo lo que una persona va a buscar al teatro. Es perfecta en todos los sentidos: las actuaciones son perfectas, individuales y en bloque, la escenografía y las luces funcionan a la perfección y la música, ay por favor, la música en vivo como un elemento más de la historia,  como parte de un todo perfecto, es simplemente maravillosa y el texto… ¿cómo hacés? ¿como creas una historia tan intensa y tan poética? Porque tu texto, Trentini, era denuncia y era poesía, y no me refiero a los versos desenfrenados que le pusiste a uno de tus personajes, me refiero a todo el texto, lleno de figuras que generan un efecto perfecto. Tu texto es literatura pura, Lucía. Tu obra, Trentini, no es solo una obra de teatro. Tu obra, Trentini, es una obra de arte y de verdad, de verdad, de verdad, de verdad (si me permitís copiarte el recurso) es lo más maravillosamente genial que he visto en mucho tiempo (con algunas excepciones, claro, no seamos tan radicales), es emoción y energía que transforman.

Es domingo y los domingos suelen ser intensamente insoportables. Pero hoy es domingo y mientras camino por la Plaza Independencia sonrío. Roli, mi amiga, también sonríe. “Fue perfecta”, repetimos. “¿Por qué la maté?”. ¿Es posible cantar bien y actuar bien y escribir bien y dirigir bien y crear una obra de arte que invierta los domingos? ¿Es posible, Trentini?

Mientras escribo estas palabras sin sentido pero con previo aviso, pienso que sí, que es posible. Es tan posible como que una hora de teatro puro pueda cambiar al más domingo de todos los días de la semana. Lo que no concibo, Trentini, es haberte matado. No, no no, yo nunca te mataría, ni en la redacción del diario ni en el más sinfónico de los policiales.

No, Trentini, te abrazo.

Gracias por tanto talento.

Soledad Gago.

PD: ¿Nos tomamos un café lejos del diario?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. NERYS dice:

    HERMOSO SOLE ,TRASMITE EL SENTIDO DE LA OBRA , BESO GRANDE FELICITACIONES

    Me gusta

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